composición Islas Malvinas

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martes, 6 de mayo de 2008

No era que habiamos pagado la deuda..?


No hubo reducción de deuda
Mario Cafiero (Ex diputado)

Sorpresa y media: la tapa de los diarios nos informa que la deuda sigue vivita y coleando. Al leer esta noticia la mayoría de los argentinos seguramente se estará preguntando: ¿No se había cancelado toda la deuda? ¿No se había pagado, a lo macho, toda la deuda al FMI? ¿No se había logrado una histórica quita de la deuda? Parece que no fue así, que eran sólo anuncios y bravatas oficiales. Las malas noticias son contundentes: de acuerdo a las cifras oficiales (tan cosméticas como la inflación del INDEC) el stock de la deuda pública es de 144.000 millones de dólares y ya supera al existente antes del default de 2001. Y si hacemos las cuentas sin mentir, a la cifra oficial hay que sumarle 12.000 millones de dólares por deuda de capital (que Kirchner y Lavagna disfrazaron de intereses), 10.000 millones por el valor de los bonos atados al crecimiento (absurda cesión a los bonistas de Kirchner-Lavagna) y 30.000 millones de dólares de los bonistas que no entraron en el canje y que están en un “limbo” (ya que tampoco Kirchner-Lavagna lo repudiaron como deuda). Debemos más que en 2001 a pesar de que la gestión Kirchner lleva desembolsados más de 50.000 millones de dólares en pagos de la deuda pública. El problema de la deuda es el pésimo “arreglo” que hizo el actual gobierno, que no fue tal. Tampoco hubo un “ajuste” de ella, sino peor aún, un desajuste con la emisión de deuda contingente mediante las Unidades Ligadas al PBI, que crecen en forma geométrica año tras año, por la cual los prestamistas inescrupulosos pasaron a ser socios de nuestro crecimiento. Y tampoco hubo “conformidad”, ni por parte de los holds out, ni del Club de París, ni de los mercados financieros, etc. Fue el peor de los malos arreglos posibles, porque se quedó a mitad de camino entre una solución amistosa de mercado y una solución no voluntaria de Estado, como correspondía. Lamentablemente esta propuesta, donde había que auditar la deuda antes de renegociarla, no fue atendida. Ello hubiera permitido por ejemplo diferenciar la deuda contraída ilegalmente (como el megacanje de Cavallo de 2001); examinar si eran legítimas las millonarias compensaciones que recibieron los bancos (a pesar de su corresponsabilidad en el colapso de 2001) y también averiguar un dato simple: ¿a quiénes le debemos? Y por eso el problema sigue pendiente en forma agravado.
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