LA MALINCHE

martes, 1 de julio de 2008

Reflexiones del aniversario de Juan D.Perón



El 1º de julio de 1974, un día lluvioso y gris, los argentinos recibimos una noticia abrumadora: el General ya no estaba con nosotros, su salud quebrantada no le había permitido seguir adelante y quedaba trunco su deseo: "...anhelo, si ello es posible, prestar quizás mi último servicio a la Patria y a mis conciudadanos”.

Esta frase expresada el 7 de noviembre de 1972, antes de su retorno después del exilio, ponía en evidencia la conciencia clara que tenía el General de que su vida se terminaba y también su grandeza al decidir seguir sirviendo a su Pueblo hasta el último aliento.

Ese Juan Domingo Perón que transcurría su tiempo final como Presidente de la Nación, había vuelto como prenda de paz: "...A pesar de mis años, un mandato interior de mi conciencia me impulsa a tomar la decisión de volver, con la más buena voluntad, sin rencores (que en mí no han sido nunca habituales) y con la firme decisión de servir”.

A 34 años de ese día en que nos despedimos, los peronistas sufrimos una dictadura asesina y volvimos a la democracia, atravesando gobiernos ajenos y propios, de distinto matiz dentro de nuestro Movimiento, pero las elecciones siempre se ganaron en nombre de Perón. Perón siguió ganando elecciones nacionales, provinciales, municipales; su sonrisa amplia junto al hermoso rostro de Evita acompañaron las campañas de todos los que, invocando su nombre y su palabra, sus obras, sus gobiernos, sus triunfos, sus logros que se derramaron sobre el pueblo argentino y que aún hoy no han podido ser superados por nadie, se presentaban para representar a los peronistas en cargos ejecutivos y legislativos.

El General siguió ganando elecciones y los peronistas, en su nombre, nos convertimos en la última reserva en los momentos de crisis y en la esperanza de los más necesitados.

A veces lo hicimos bien y algunas mal. Los peronistas somos hombres y mujeres falibles y el General ya no está con su experiencia y su sabiduría para alertar, para señalar, para corregir.

Nuestros errores, ya hayan sido por correrse demasiado a la derecha o demasiado a la izquierda, siempre han sido los más criticados, los más graves, los imperdonables, los que llenan las hojas de los diarios. No nos perdonan que tratemos de seguir al General, que tratemos de construir como él lo hubiera hecho, que respondamos con sus frases, que cantemos felices nuestra marcha, que gritemos ¡Viva Perón! como si él estuviera con nosotros. A nosotros, los que perdieron sus privilegios, no nos perdonan.

Sin embargo, la mayor parte del pueblo argentino espera de nosotros, soluciones, espera que seamos dignos del General, que no nos confundamos, que jamás olvidemos que "nuestra causa es la causa del pueblo” y que nuestras banderas de "justicia social, independencia económica y soberanía política” no pueden ser arriadas.

Estamos solos. El General no está con nosotros pero nos dejó su ejemplo y su palabra escrita.

Volvamos a lo que nos dejó el General, bebámonos sus palabras, busquemos su guía, levantemos sus ideas, concretemos sus proyectos, llevemos adelante sus sueños.

A 34 años de su muerte y llevando orgullosos sus banderas, seamos dignos de ser sus herederos.

Seamos más peronistas que nunca!

Diputado Nacional (m.c.)

Lorenzo Pepe

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