El diario Canalla

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miércoles, 23 de abril de 2008

Las nuevas guerras del hambre


A lo largo del último mes, las protestas violentas y los disturbios callejeros por el aumento de los precios de los alimentos se han sucedido en Egipto, Camerún, Costa de Marfil, Bangladesh, Senegal, Burkina Faso, Etiopía, Indonesia, Mauritania, Madagascar y Filipinas.

En países como Pakistán y Tailandia, el ejército tuvo que intervenir para evitar que la comida fuera saqueada de los almacenes. En Haití, tras el asesinato de un soldados nigeriano de la ONU, el primer ministro Jacques Edouard Alexis podría salir del gobierno en las próximas horas.

Un hecho sin precedente en la historia. Miles de personas que casi de manera simultánea levantaron su voz y su enfado alrededor del mundo para defender su derecho a la alimentación.

Una realidad que demuestra hasta qué punto están globalizados los mercados y cómo las decisiones que se toman en los centros de poder afectan a buena parte de la humanidad.

¿Por qué suben los precios?

El coste del trigo, entre tantos otros productos básicos, se incrementó en un 181% a lo largo de los últimos 36 meses. Y el precio general de los alimentos creció un 86% hasta el pasado febrero.

Una de las principales causas es la especulación, que ahonda la paradoja de siempre: los campesinos de los países pobres no tienen capacidad de decisión sobre los precios de sus productos, que se establecen a miles de kilómetros de distancias, en las cámaras comerciales de los países más prósperos.

La FAO, que ha puesto en marcha un programa de emergencia, señala que el impacto en los países pobres es mayor porque el consumidor de las naciones industrializadas dedica entre un 10 y un 20% de sus ingresos a comprar alimentos, por lo que tiene capacidad de respuesta, mientras que el de una nación en desarrollo gasta entre el 60 y el 80% de su economía familiar para el mismo fin.

También influyen en la subida de precios el aumento del petróleo, de los fertilizantes, la desertificación provocada por el calentamiento global, el empleo de los granos para hacer biocombustibles y el crecimiento poblacional en China e India.

Consecuencias: hambre y guerra

Según Robert Zoellick, del Banco Mundial, la tendencia alcista de los precios de los últimos tres años sumergirá aún más en la pobreza a cien millones de personas, y nos alejará así aún más de alcanzar los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas, por lo que todos los esfuerzos realizados desde el año 2000 desaparecerán de un plumazo.

Para Dominique Strauss-Kahn, del Fondo Monterio Internacional, este desafortunado proceso - al que también contribuye la desidia de los gobernantes de algunos países del Tercer Mundo, que no están aprovechando los beneficios del petróleo para ayudar a su gente – podría provocar inestabilidad política en buena parte del mundo así como hambrunas masivas.

Y, lo que es aún peor, tendría el potencial para generar nuevos conflictos armados. “Por lo que sabemos del pasado, esta clase de cuestiones termina a veces en guerras”, afirmó Strauss-Kahn.

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