jueves, 20 de marzo de 2008

Hugo, Bernardo y la Constitución en el País de Nomeacuerdo

En esa maravilla tecnológica que es Internet circula, también, mucha basura. Ahora mismo hay un libelo cuya acusación, de tan grosera y torpe, parecería una broma de mal gusto.

Se titula “Buena noticia para el sector agropecuario” y destaca, con burda ironía, que el dirigente cegetista y ex camionero Hugo Moyano habría comprado la preciosa estancia “San Ignacio” a la familia Naón Pirovano, en el partido de Henderson, Provincia de Buenos Aires.
Seguramente ese cargo merecerá en las próximas horas la firme desmentida del líder del sindicalismo criollo. Y no sólo porque lo enloda como dirigente obrero, sino porque en la zona de Henderson la tierra cuesta –dicen agentes inmobiliarios– como 4.000 dólares la hectárea y los campos allí son de mil o más hectáreas. A nadie se le ocurriría pensar que con su honrado salario un camionero argentino podría comprar algo semejante.
Pero en este país la insidia es tremenda. De ahí que el texto del brulote se permite ironizar: “Pronto lo recibiremos con los brazos abiertos en la Sociedad Rural”, acaso evocando a otro sindicalista, Jorge Triacca, que en los ‘90 fue aceptado en el exclusivísimo Jockey Club.
Es sabido que la basura en Internet no tiene límites. Por allí se difunde todo tipo de ataques, pero también inesperadas defensas. Como la que inició el a estas alturas incalificable Bernardo Neustadt, quien con todas sus cualidades impermeabilizadas llamó esta semana a “salvar lo que queda de nuestra bendita Constitución” (sic).

El otrora juglar del menemismo, a edad provecta y con el rostro como esculpido en granito, se escandaliza ahora por lo que jamás lo escandalizó: los “atropellos” a nuestra Carta Magna. Claro que esto es moda en estos días: son muchos –todos bien conocidos– los que unifican discursos altisonantes enumerando los “atropellos” del Dr. K.
Ex bufones o todoterrenos menemistas casi todos (los más añejos fueron también amanuenses de los dictadores del ‘76-’83), tanto en la tele abierta como en la de cable, y en algún diario patricio donde siempre son bienvenidos, aprovechan los peores rasgos del gobierno (que los tiene, y espantan) para disparar mentiras y aborrecimientos hacia donde en realidad apuntan: la línea de flotación de la Democracia.

Porque de eso se trata: ciertos o falsos, esos libelos y brulotes no llevan otro mensaje que el de bombardear la ardua convivencia que trajinamos desde 1983. Sin dudas que en estos casi 23 años la democracia ha sido para muchos argentinos insatisfactoria e injusta, qué duda cabe. Pero montarse sobre esos descontentos y fogonearlos como lo hacen muchos cretinos mediáticos –cuyas exageraciones interesadas siempre pregonan el caos social– devienen preparativos golpistas, para decirlo de una vez.

El “fragote” (que es su maña más antigua y consecuente) siempre empezó así: con excitados llamados a defender derechos que luego siempre pisotearon. Y es que en el fondo repudian las garantías de la Constitución, que son el freno concluyente a sus intereses y a los de sus mandantes.

He ahí, como paradigma, el permanente menosprecio al Congreso de la Nación, al que a pesar de los malos y peores legisladores (que están allí por nuestro voto) debemos defender porque –conviene recordarlo– cada vez que en estas tierras no hay Congreso lo que sobran son Videlas y Onganías.

Es vital estar alertas, especialmente porque a los embustes de dizque periodistas y dirigentes hay que sumar dos groseras paradojas.
La una: que los paladines de la Libertad sean los que la pisotearon cuando sirvieron a dictadores y corruptos. Basta verlos usar a piacere la misma libertad de expresión que cacarean que falta, y cuya verdadera ausencia no los escandalizó cuando este país era una carnicería y la censura y la quema de libros eran norma.

La otra: que el gobierno sea tan necio, tan sordo y tan soberbio en ciertas cuestiones. Confiados ciegamente en las encuestas y en sus aciertos de gestión –que los tienen–, las bravatas del Presidente y sus Fernández sólo consiguen irritar más y más. Y les impide advertir que los grandes temas irresueltos (redistribución de ingresos, impunidad en la impartición de Justicia y el horroroso sistema multimediático, por caso) lo que hacen es alimentar golpistas, que están trabajando a todo vapor y no dejarán pasar ni uno solo de los patinazos gubernamentales. Que por desdicha están siendo demasiados.

No vaya a ser que suceda como en la memorable canción infantil de María Elena Walsh: “En el país de Nomeacuerdo/ doy tres pasitos y me pierdo”.

En el último mes, arreciaron las versiones de que el camionero Hugo Moyano había adquirido un campo en la localidad bonaerense de Henderson. PERFIL comprobó que esa compra existió, pero que está relacionada con Juan Manuel Palacios. La curiosa firma de su hijo y su adjunto en el gremio. Demasiadas coincidencias sospechosas.

la foto corresponde a la estancia san ignacio comprada por Moyano

Mempo Giardinelli

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