LA MALINCHE

sábado, 7 de agosto de 2010

Nada para agregar

Crisis internacionales

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Un día como hoy pero de 1945 Estados Unidos tira una bomba atómica en Japón, sobre la ciudad de Hiroshima. Tres días después lanza una segunda sobre Nagasaki. Con sólo apretar un botón fueron asesinados más de 200.000 japoneses. Seis días más tarde se rinden los japoneses y termina la Segunda Guerra Mundial. Ningún país del planeta volvió efectuar un ataque nuclear, ni de lejos. Estados Unidos y la URSS se reparten el mundo.

Mientras tanto, en nuestro querido país, nos cuenta Galasso, que “Las calles de Buenos Aires son inundadas por manifestantes: Fotos con banderas de Estados Unidos, inglesas, argentina y rojas, con la hoz y el martillo flamean por el centro porteño festejando la rendición del Japón y al pasar frente al Jockey Club vivan a esa entidad”.

Horas antes de que Truman lance la bomba atómica, Perón, que ya era Vicepresidente y se venía dando duro con Braden, junta a la oficialidad del Ejército para alertarlos de la movida que estaban armando los que querían volver a gobernar el país como lo habían hecho en la Década Infame y que no se imaginaban ni a palos lo que iba a pasar cuando lo metieran preso al Pocho un par de meses después.

Y no va que Juan Domingo les dice:

“… Es natural que contra estas reformas se hayan levantado las `fuerzas vivas`, que otros llaman `los vivos de las fuerzas`, expresión más acertada que la primera. ¿En qué consisten esas fuerzas? En la Bolsa de Comercio, 500 que viven traficando con lo que otros producen; en la Unión Industrial, 12 señores que no han sido jamás industriales y en los ganaderos, señores que, como bien sabemos, desde la primera reunión de los ganaderos, vienen imponiendo al país una dictadura. Para nosotros, hubiera sido mucho más fácil seguir el camino ya trillado y entregarnos a esas fuerzas que nos hubieran llenado de alabanzas. Entonces, todos los diarios nos aplaudirían pero los hombres de trabajo estarían en condiciones iguales o peores que antes. En este sentido, he sido receptáculo de innumerables sugestiones. Les aseguro a ustedes que si yo me decidiera a entregar el país, mañana sería el hombre más popular en Buenos Aires.

Me lo han dicho veinte veces. Yo les he preguntado, ¿a qué precio? Muy simple, arreglando las cuestiones económicas, los negocios internacionales, cuestión de transportes, cuestiones de industrias. En otras palabras, naturalmente -pero que en el fondo decían lo mismo-. En una semana sería el hombre más popular en ciertos países extranjeros.

Yo le contesté: a ese precio prefiero ser el más oscuro y desconocido de los argentinos, porque no quiero –y disculpen la expresión- llegar a ser popular en ninguna parte por haber sido un hijo de puta en mi país”.

“Esta es la famosa reacción en que verán ustedes que están los hombre que han entregado siempre al país. Están los grandes capitalistas que han hecho los negocios vendiendo al país. Están los abogados que han servido a las empresas extranjeras para escarecer y vender al país, están algunos señores detrás de ciertos embajadores, haciendo causa común con ellos, para combatirnos a nosotros que somos los que estamos defendiendo al país, están los diarios que nos combaten. ¡Mucho honor en ser combatidos por esos bandidos y traidores! Esos son los que han organizado la reacción.

Afortunadamente, no había entrado en las Fuerzas Armadas, pero ya ha entrado ahora y tenemos la contrarrevolución en marcha, la que debemos parar, haciendo lo que sea necesario hacer. Si hemos guerreado durante 20 años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antecesores y debemos pelear otros veinte años, si fuera necesario para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semicolonial.

Ni un sólo privilegio al extranjero, ni un sólo paño en nuestro territorio. En eso seremos inflexibles, aunque nos hundamos. Nos hundiremos, pero con el honor de haber defendido al país”.

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