jueves, 19 de febrero de 2009

A propósito de Crítica, Ocaña fue manipulada

A propósito de Crítica, Ocaña fue manipulada

Eduardo Anguita

En las guerras, dicen algunos que sobrevaloran el periodismo, la primera víctima es la verdad. Las guerras mediáticas a vecen son patéticas. La tapa del diario Crítica prometía una revelación. Una gran foto de la ministra de Salud, Graciela Ocaña, y un entrecomillado vibrante: “Cobos es un buen hombre”. Cualquiera hubiera pensado que la tan mencionada salida de la ministra de Salud se estaba concretando, y encima con el apoyo a Julio Cobos. Pero los editores, a veces, se pasan de la raya. En este caso, con una manipulación de manual de censura: la frase completa –transcripta por el periodista en su tercera pregunta– era: “Cobos es un buen hombre, equivocado, porque yo lo voté para acompañar a la Presidenta”. El que tituló ni siquiera puso los puntos suspensivos para indicar que no había terminado la frase, lo cual muestra un grosero error de sintaxis, que no debería pasar porque las tapas las hacen los periodistas más experimentados y revisadas por los correctores. Pero hay algo más que resulta extraño. Si un periodista oye una frase que no tiene lógica debe repreguntar. En este caso, si realmente Ocaña dijo eso, la repregunta es: “¿Cómo es la relación entre que esté equivocado y que usted lo votó?”. Pero no, una parte de una frase con algo que no cierra se utiliza para hacer tapa a título completo. Pero este artículo no pretende ser una lección de sintaxis. Cualquiera puede pensar que si Ocaña le da una entrevista a Crítica se presta a un juego del gran partido opositor: el de algunos medios grandes y de otros en declive. Y ésa es, también, una mala lectura, porque la libertad de prensa no es pensar que todos los medios van a tratarte bien sino aceptar los enfoques editoriales y las preguntas distintas que va a formular cada grupo editorial. Ésas son las reglas de juego siempre y cuando no se tergiverse al grado de la mentira. Cortar una frase para cambiarle el significado es lisa y llanamente una mentira. El problema es que los lectores, más allá de sus ideas quieren saber si el ministerio está haciendo cosas para mejorar la salud de la gente y si los recursos son más o menos que en otros años. ¿O seré tan ingenuo de creer que los lectores prefieren los escándalos y los rumores de crisis que saber cómo van los indicadores de salud?
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