martes, 24 de marzo de 2009

Tercera ocasión en la que Barack Obama guarda silencio ante Israel


Los tres mil millones de dólares que cada año EEUU entrega en ayuda a Israel, además de perpetuar la ocupación y la sistemática violación de los derechos humanos en Palestina, contravienen la propia legislación estadounidense.


La enmienda Symington, aprobada en 1976, prohíbe al gobierno de EEUU brindar asistencia económica a países que desarrollen armamento nuclear. Si esta ley se aplicase, Israel no debería de recibir un céntimo más de los bolsillos de los contribuyentes.

Lo que han hecho las sucesivas administraciones de Washington es omitir en todo documento o manifestación pública la existencia de estas armas para poder seguir adelante con una política de doble rasero, de indiferencia ante el derecho internacional, que es la que permite a Israel ser un estado en rebeldía.

Israel nuclear

Se empezó a especular sobre la posesión de armas nucleares por parte de Israel en los años sesenta, cuando entró en funcionamiento el reactor nuclear construido en Dimona, situado en el desierto de Negev. Aunque en realidad el proyecto nuclear israelí surge en 1948, al poco tiempo de la creación del Estado hebreo. Y, si pudo hacerse tangible, fue gracias a la asesoría técnica brindada por Francia a finales de los años cincuenta.

Quien dio pruebas irrefutables de la aventura nuclear de Israel fue Mordechai Vanunu, técnico que trabajaba en la central de Dimona. En 1986 entregó documentos y fotografías al periodista Peter Hounam del periódico británico The Sunday Times.

Según la BBC:

La evidencia brindada por Vanunu llevó a varios expertos a calcular que Israel tenía al menos unas 100 ojivas nucleares, y posiblemente hasta más de 2000. Como referencia se pueden utilizar los ejemplos de India y Pakistán, los dos miembros más recientes del "club nuclear", a los que se les atribuyen unas 20 ojivas nucleares.

Mordechai Vanunu fue secuestrado por el Mosad en Roma. Pasó 18 años en prisión, de los que 12 fueron en confinamiento solitario. Al mismo tiempo, recibía numerosos premios en Europa. En 2001, la universidad noruega de Tromso le otorgó un doctorado honoris causa. Nominado al premio Nobel de la Paz en reiteradas ocasiones, organizaciones como Amnistía Internacional lo han considerado un prisionero de conciencia.

Como siempre, Robert Fisk saca a luz datos reveladores:

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