viernes, 30 de julio de 2010

Morales solá y su pluma bífida

Morales Solá, bajo las peores sospechas

Por Julio Fernández Baraibar

El untuoso plumífero de la “tribuna de doctrina”, Joaquín Morales Solá, con voz engolada declara en su nota de hoy (28 de junio): “El Senado, bajo las peores sospechas”.

El lector, siempre desprevenido, piensa de inmediato que Moyano ha vuelto a denunciar algún pago de coima para la aprobación de alguna ley antiobrera y se figura ya la nueva ola de descrédito que la cámara representativa de las provincias que conforman la nación deberá enfrentar.

Pero no, todo es un poco más difuso y la severa advertencia tiende a transformarse en una mueca de impotencia, a poco que se avanza en el texto de la nota.

En realidad se trata, tan sólo, de una especie de entrevista colectiva de senadores y diputados opositores, llevada a cabo en la Sociedad Rural y en la que el columnista fue una especie de moderador.

En ese ámbito, envalentonados por la presencia de la gente de la casa, la senadora correntina Josefina Meabe (más adelante hablaremos de ella), el jujeño Morales, el diputado bonaerense Felipe Solá y la imponderable creadora de frases altisonantes, Lilita Carrió afirmaron que los senadores vendían sus votos. Ésta última afirmó algo tan contundente y apodíctico como: “El Gobierno compra senadores. Esa es la única verdad”. Nada de documentos, valijas de dinero, banelcos y otros elementos probatorios. Tan sólo su afirmación rotunda.

Antes de avanzar en la nota del comentarista de La Nación, se hace necesario informar que la señora Josefina Meabe ha sido denunciada por el ingeniero Rodolfo Paladini, coautor del Código de Aguas de la Provincia de Corrientes, por el delito de “robo de aguas públicas en banda y en descampado para su beneficio varias veces reiterados”, como consecuencia del indebido e ilegal uso de aguas del río Corrientes que la senadora utiliza en su empresa arrocera. Es difícil, ante esta cuestión de aguas, evitar el chiste que le hiciera el diario La Fronda al doctor Raimundo Meabe, que atendía a Hipólito Yrigoyen por sus problemas de próstata, al quien llamaban, de manera inmisericordiosa, Dr. Mea Bene.

Chanzas aparte, ninguno de los preclaros denunciantes aportan mayores datos a la denuncia que el autor de la nota caracterizó como “prebendas personales, favores políticos o promesas de obras públicas o de mayores recursos para las provincias”.

Si ponemos provisoriamente entre paréntesis lo de prebendas personales -que pueden consistir en algún viaje o cosa por el estilo-, los favores políticos y las promesas de obras públicas y de mayores recursos para las provincias han sido, son y, posiblemente, serán los mecanismos típicos de negociación en los cuerpos parlamentarios. Todos los congresos del mundo se manejan con este tipo de toma y daca, característico, por otra parte, de toda actividad política. Sólo los regímenes dictatoriales imponen su voluntad sin dar nada a cambio, so pena de cerrar el congreso o meter presos a sus miembros. ¿Cuántas veces el senado norteamericano habrá votado el aumento de tropas en Vietnam o en Irak a cambio de un subsidio a los productores de maní o a los criadores de avestruces? ¿Cuántas veces en todos los gobiernos constitucionales del mundo una importante decisión de estado ha sido definida por el voto que se consigue de algún diputado de una lejana región que aprovecha la situación para llevar una mejora, un puente, una carretera o un hospital a su distrito?

Y a eso, que es de uso habitual en las democracias, el lenguaraz oligárquico pretende comparar con el dinero contante y sonante que el gobierno de De la Rúa y su jefe de la SIDE le entregaron a los senadores de la oposición de entonces para aprobar una indigna y patronal ley de desregulación laboral. “Los viejos sobornos fueron un desayuno de monjas comparados con lo que pasa ahora”, le hace decir a un anónimo legislador, ignorando posiblemente qué desayunan las monjas.

Toda esta falsa tormenta y más falsa denuncia tiene como explicación el hecho de que termina la vigencia de la delegación de facultades al Poder Ejecutivo y la prensa opositora fogonea la posibilidad de que la incierta mayoría que creen tener en el Congreso comience a dictar leyes que desfinancien al gobierno nacional. Derogar las retenciones es su objetivo de máxima. Los estrategas de este golpe parlamentario saben que aquellos con aspiraciones a gobernar, en caso de una difícil derrota electoral del oficialismo, no van a generar una situación que revierta en contra de su hipotético gobierno. Este acto de realismo es enturbiado por la “tribuna de doctrina”, poniendo un manto de sospecha sobre el Senado.

La nota de Morales Solá termina con un maravilloso lugar común que he escuchado desde los años en que me inicié en la política. “Era evidente, al final, el desánimo entre los centenares de productores que asistieron al debate”. El desánimo de los productores con sus 4x4 dando la “vuelta al perro” en sus localidades, con sus silos-bolsa jugando a evitar pagar las retenciones, con sus inversiones inmobiliarias en las capitales de todo el país, con sus viajes a Miami o a donde sea, es, citando a Borges, “tan eterno como el agua y el aire” y tan falso como lo es la mendaz acusación del escriba.

Buenos Aires, 28 de julio de 2010

http://fernandezbaraibar.blogspot.com/2010/07/morales-sola-bajo-las-peores-sospechas.html

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