EL NEOIMPERIALISMO COMO DOCTRINA O LOS
ESTERTORES DE LA MEGA POTENCIA EN CRISIS
Agresión
descarada pisoteando soberanía, bajo pretextos de muy dudosa o nula
credibilidad, es lo que cabe definir de la nueva y desembozada agresión
de estilo patotero, perpetrada en su pretendido patio trasero, por el
descarnado poder imperial de “la gran potencia del norte”.
Mucha tela para cortar, por lo que es necesario separar lo esencial de lo secundario, o meramente anecdótico.
En
la historia de agresiva prepotencia, de la cual hace gala el permanente
accionar de la política exterior yanqui, no es nueva la recurrente
utilización de la fuerza bruta, cuando las presiones económicas,
financieras, de política exterior, y del aparataje cultural resultan
insuficientes o infructuosas.
Lo que tal vez marque
una diferencia acentuada, es la explicitación directa, brutal y
desvergonzada, del interés estratégico esencial que motiva la agresión
directa, que es el dominio pleno por parte de EEUU, de las enormes
reservas de petróleo y gas que atesora el subsuelo venezolano, además de
las nada despreciables existencias de metales raros, esenciales para
las industrias de más compleja tecnología.
En todo
ello entra el muy fuerte enfrentamiento geopolítico de EEUU con China, y
es muy claro que el accionar de ambas superpotencias muestra muy claras
diferencias. Mientras China ofrece concretas colaboraciones, con apoyos
tecnológicos y financieros, para grandes obras de infraestructura, y
acuerdos bilaterales de asociaciones estratégicas; EEUU muestra
predilección por practicar la Doctrina del Gran Garrote, con injerencias
explícitas de intervencionismo, como lo hizo en las recientes
elecciones de Argentina.
No queda muy en claro, si
el actual accionar de EEUU reafirma su pretendida excluyente supremacía
-como la tuvo al fin de la Segunda Guerra Mundial-; o si evidencia su
irreversible decadencia frente al creciente poder chino y de los bloques
de poder asentados principalmente en Asia y cercanías.
Con
la desfachatez propia de patoteros ahítos de poder, Trump dijo que
busca recuperar “su” petróleo, pisoteando con ello todo atisbo de
soberanía de Venezuela sobre sus recursos naturales; y con la soberbia
propia de tiránicos emperadores todo poderosos de muy viejas épocas del
Antiguo Testamento, hace alardes de gobernar Venezuela a su antojo, como
si fuera un protectorado.
Diriase que el accionar “trumpístico” atrasa dos milenios largos, copiando la metodología de fuerza bruta del Imperio Romano, a la vez que acentúa el posicionamiento soberbiamente imperial no exento de crudo racismo, que heredaron de sus “primos” del otro lado del Atlántico, pero sin las sutilezas diplomáticas del viejo imperio británico, hoy devenido en primer socio menor del aun vigente imperio yanqui, el cual parece negar al mundo multipolar que se puede constatar.
No sorprende, pero no deja de ser repudiable, que muchos venezolanos (y muchos más latinoamericanos), justifiquen la agresión descarada y sangrienta, y el desfachatado secuestro de un presidente de nuestra Íbero América, bajo prefabricados y dudosamente creíbles argumentos de narco tráfico, de los que ahora se desdicen, que parecen tan falaces como las supuestas “armas de destrucción masiva” u otras mentiras similares, que difundieron para justificar las invasiones y destrucciones generalizadas de Iraq, Libia y otros países, asolados por la “democratización a bombazos” que pregonan y practican EEUU y sus cómplices estratégicos.
Seguramente en Venezuela operaron varios traidores, que por sus treinta denarios avalaron el secuestro y el consecuente derramamiento de sangre, el cual es harto dudoso que no haya afectado a las fuerzas atacantes.
Se menciona la cifra de 50 millones de dólares, no definido si es el total o el monto per cápita, para los entregadores; cifra que es “plata chica” comparada con la importancia estratégica de “aleccionar al díscolo país que osó rebelarse”, y al buscado dominio total de las riquezas a saquear impunemente, tal como lo hacían, sin tanta violencia explícita, en las épocas previas al chavismo, cuando la riqueza extraída no llegaba al pueblo más que en cuentagotas, según informes que parecen creíbles, y que son metodología usual de los imperios saqueadores.
Con esas acciones de patoterismo explícito, exaltación de la fuerza bruta, y pisoteo de todo atisbo del Derecho Internacional, todo el Sistema Mundo queda muy afectado, o directamente desarticulado.
Y mientras que con toda lógica, los argentinos que razonamos con criterios geopolíticos y claros sentimientos patrióticos, nos preocupamos por Venezuela, por Argentina, y por los países de la Patria Grande que el autoasumido “emperador” amenazó con invadir o aleccionar; el desembozadamente cipayo gobierno libertario prosigue sus tareas destructivas, arrastradamente subordinado a los dictados de EEUU y sus socios Atlantistas; y con sus metas de involucionarnos a un protectorado subdesarrollado, o de máxima, perpetrar la hoy ya amenazante disolución nacional.
MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Analista de Temas Económicos y Geopolíticos


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